lunes, 24 de octubre de 2011

Miss Mamadas

De veritas que a veces no estoy de humor como para nada. Lo feo es que cuando menos humor tengo para ciertas cosas, es cuando más pasan, como eso de que cuando menos quieres alumnos mensos, más, más te los encuentras. Tengo un alumno en particular que hasta hace unos meses era mi consentido, ya saben: calladito, trabajador, inteligente, cero rebelde y así. Y luego no sé qué le pasó, pero justo, justito cuando empezó a salir con la niña bonita... SE DESTRAMPÓ.
Digo a lo mejor es lo normal, ¿no? O sea, adolescente, hormonas, beso, abrazo y apapacho y en fin. You do the math.
La cosa es que ahora se ha vuelto absolutamente insoportable y me saca de quicio. Hace preguntas estúpidas, se cree más inteligentes que todos los presentes en el salón, incluida la teacher... hoy tuvimos examen. Examen muestra de los que ellos van a presentar para certificarse. La teacher de por sí venía tarde y estresada porque no quería venir en realidad y este menso, todavía sale con sus preguntas capciosas.
La teacher llega y los ve en plena chorcha, aunque cada quién contestando su propio examen y les dice: Les recuerdo que estamos en examen no quiero escuchar voces ni ruidos ni nada similar. Y todos se cuadran menos el alumno ex-consentido: Pero si no es el de a en serio, es sólo un examen muestra. Y la teacher le responde: Finge que estás en el examen real. Y el ex-consen dice: Pero si estuviera en el real, tendría hoja de respuestas y no tengo hoja de respuestas. A lo que la teacher le comenta: Ese comentario está muy fuera de lugar, ¿no? Es obvio que si están en examen aplican las mismas reglas, pero no las mismas condiciones, contesten en su cuadernillo de preguntas. A lo que es alumno dice: ¿Cuadernillo? Estas sólo son fotocopias. Y la teacher echando humo le dice: No sé por qué tienes qué continuar haciendo comentarios fuera de lugar. Si no quieres hacer el examen, no hay problema, nos vemos la siguiente semana. Te recuerdo que las reglas no las he puesto yo, sino quienes hacen el examen.
Y a partir de ahí, todo silencio... ¿Qué le cuesta ser un buen alumno de nuevo?

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