viernes, 17 de agosto de 2012

Crónica del Punk Chimecorero Nezayorkino

Aunque el Radio ya no sea mi cuate, jamás se me van a olvidar las historias que me contaba. No porque yo fuera muy fresa y lo juzgara por güey, sino porque las contaba de una manera tan divertida, que no podías evitar reírte, así te estuviera contando lo más triste del mundo.
Sus mejores historias siempre serán las del "Iti" (favor de no reírse del apodo versión nezayorkina de E.T.), el más extremo de los punks caóticos chimecoreros y bla bla blá. Como esa vez en que presentaron un libro entre el Radio y no sé cuántos güeyes más en un auditorio de la UAM, si no mal recuerdo. Toda la banda se bañó y eso ya era mucho decir, porque creo que se bañaban allá cada que llovía en Chimalhuacán. El Iti, para variar, ni bañado ni bien vestido ni nada por el estilo, sino siempre con su perro muerto colgado al hombro (una chamarra de esas de borrega a la que la mezclilla había abandonado hacía mucho tiempo y que jamás había conocido el olor del jabón ni sentido el delicado toque del agua, excepto por la lluvia ácida que allá de vez en cuando le tocaba presenciar). Y pues nada, que todos bien chingones hasta habían preparado su discurso más mamón y pues allá iban en banda a la presentación del libro.

Tods bien nerviosos cuando el auditorio empezó a llenarse de gente. Repasaban una y otra vez sus discursos, revisaban que todo estuviera en el lugar que debía, iban al baño a tirar el miedo y todo el protocolo pre-presentación, mientras el Iti estaba sentadote en una esquina, viéndolos, atacado de risa, porque él bien tranquilo. 

Todo mundo tomó su lugar en la mesa de honor, menos el Iti. Los presentaron a todos y cada uno y comenzaron las lecturas de lo preparado. El Radio era el último en hablar. En ese momento no podía pensar en nada más, excepto las caras de las chicas que estaban en la primera fila secreteándose y riendo nerviosas. ¿Se estaban riendo de ellos? Pero si ni siquiera estaban poniendo atención a lo que decían. ¿Qué tanto veían y señalaban?

Al final, el Radio consideró todo un fracaso la presentación: nadie había puesto atención, nadie se había quedado callado. Todo el tiempo había habido un rumor, sobre todo en las filas del frente. El Radio terminó su presentación y decidió bajar a los asientos de enfrente a ver qué tanto veía la gente que no les estaba prestando atención. Pinche Iti. Se había llevado su peor pantalón. Uno roto de la entrepierna.


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